Humanidades: revista de la Universidad de Montevideo, 20, (2026): e201. https://doi.org/10.25185/20.1 Este es un artículo de acceso abierto distribuido bajo los términos de una licencia de uso y distribución Creative Commons Attribution (CC BY 4.0.) https://creativecommons.org/licenses/by/4.0

 

https://doi.org/10.25185/20.1

 

Reseña

 

Sebastián Hernández Méndez. El activista del papa. Mariano Soler y el internacionalismo católico en América Latina (1846-1908). Zaragoza, Prensas de la Universidad de Zaragoza, 2025, 465 pp.

 

Recibido: 21/4/2026 - Aceptado: 2/6/2026

 

En el siglo xix el catolicismo, como otras religiones, consolidó su carácter global. Sobre todo, a partir del pontificado de Pío ix, cobró impulso el proceso de centralización romana. Fue en este contexto de internacionalismos que la figura de Mariano Soler adquirió un papel relevante en las iniciativas orientadas a reforzar la posición del papado en el ámbito local, regional y global. En su tesis doctoral, ahora convertida en libro, Sebastián Hernández Méndez reconstruye aspectos biográficos del clérigo uruguayo como una ventana para comprender el desarrollo del ultramontanismo en América Latina y su progresiva internacionalización. Partiendo de algunas categorías propuestas por Sydney Tarrow, define a Soler como un activista ultramontano transnacional, ya que permaneció conectado al contexto local y regional y a su vez participó en redes transnacionales que buscaban incrementar la autoridad del papado.

La obra tiene en cuenta a un público académico que no está familiarizado con la historia del catolicismo uruguayo, al que aporta conocimientos novedosos sobre cómo funcionó el ultramontanismo en el espacio latinoamericano. También resulta de alto interés para lectores especializados y para todos aquellos quienes quieran conocer mejor el desarrollo del catolicismo latinoamericano en el marco de los internacionalismos del siglo xix.

Con un estilo muy claro y preciso, Hernández Méndez examina las formas utilizadas por Soler para fortalecer el poder del papado y su rol como intermediario entre las iglesias locales en América Latina y la Santa Sede. A través de la vida de este religioso, se propone insertar el catolicismo latinoamericano en el marco del internacionalismo católico. Y, una de las aportaciones novedosas para la historiografía local es abordar al Oriente Próximo como espacio de irradiación de la cultura ultramontana, además de Europa y América Latina.

En lugar de seguir una cronología lineal para reconstruir esta biografía, decide estructurar su investigación en tres ejes espaciales-temáticos: Roma, América Latina y Oriente. De esta manera, prioriza la narración en torno al análisis de los espacios donde Soler construyó conexiones, sin perder de vista el campo del internacionalismo católico y el ultramontanismo. Esta opción metodológica le ayuda a evitar la “ilusión biográfica” cuestionada por Pierre Bourdieu, que consiste en concebir la vida como una secuencia lógica de eventos que operan sobre un individuo en forma coherente y unidireccional. Además, posibilita al autor poner el acento de su indagación en los ejes considerados, sin necesidad de seguir un recorrido cronológico y, sobre todo, le permite enfrentar mejor a los desafíos que les presenta las limitaciones de las fuentes documentales.

El libro se compone de una introducción, ocho capítulos y una conclusión que retoma las hipótesis centrales del trabajo. En especial argumenta que a través de la vida de Soler se da cuenta del proceso de incorporación de América Latina a la corriente del internacionalismo católico en la segunda mitad del siglo xix y de su progresiva relevancia para el afianzamiento del papado. De este modo, adhiere a nuevas perspectivas historiográficas que cuestionan interpretaciones muy ligadas a visiones europeístas, que invisibilizan las transformaciones ocurridas a partir de los flujos e intercambios transatlánticos permitiendo incorporar otros espacios como América y Tierra Santa.

La biografía está estructurada en cuatro partes de dos capítulos cada una. La primera se titula “El nacimiento de un activista transnacional” y analiza el contexto y las condiciones que caracterizaron la etapa formativa de Soler llevándolo desde un territorio alejado como Uruguay a convertirse luego en uno de los activistas ultramontanos más notorios en América Latina. Nos sumerge en un escenario distanciado física y espiritualmente del “centro de la catolicidad mundial”, lo que acentúa el carácter inesperado de su derrotero biográfico[1]. El primer capítulo se ocupa de su itinerario inicial como joven seminarista que transcurrió entre Uruguay, Argentina y Roma, destacándose su ingreso en el Colegio Americano, más adelante conocido como Colegio Pío Latino Americano. A partir de la experiencia formativa de Soler, el autor indaga en algunos asuntos centrales del proceso de romanización que excedían el ámbito uruguayo y afectaban a América Latina. En particular, la modernización de las iglesias locales por medio de la formación calificada del clero y su progresiva internacionalización a medida que intensificaron sus lazos con Roma.

El segundo capítulo se concentra en su retorno de Europa y su protagonismo en una labor de reorganización del catolicismo uruguayo, junto con incidir en la conformación de una opinión pública favorable a la autoridad moral del papado como mediador de la política internacional. Asimismo, aborda el conflicto denominado “guerra de biblias”, como ejemplo de una tensión “glocal” que vinculaba “experiencias locales con reclamos internacionales”[2]. El disparador había sido la circulación de la propaganda protestante que en tiempos de internacionalismo había alcanzado una escala masiva. Como argumenta Hernández Méndez, estos episodios propiciaron el rol de Soler como activista transnacional. También explica cómo durante la década de 1880 se preocupó por estrechar lazos de solidaridad con ultramontanos argentinos y chilenos, que posteriormente contribuyeron a la construcción de redes y alianzas más amplias.

Las tres últimas partes de la obra están dedicadas a los ejes espaciales-temáticos mencionados más arriba: Roma, América Latina y Oriente. Por el carácter fundamental en su trayectoria, las tres toman el retorno de Soler a Roma en 1885 como punto de inicio para el desarrollo de sus respectivos análisis. Entre otros eventos significativos, durante ese año tuvo la primera audiencia con León xiii, confirmó la solidez de sus vínculos con el Colegio Pío Latino Americano y realizó su primera peregrinación a Palestina donde luego construyó un santuario mariano.

En la segunda parte titulada “Roma”, se abordan dimensiones distintas del proceso de romanización impulsado por Soler. Por un lado, el tercer capítulo profundiza en la dimensión local durante su gobierno episcopal. Se focaliza en sus principales acciones por afianzar la institución eclesiástica, sobre todo, a través de la creación de la provincia eclesiástica del Uruguay, uno de sus mayores logros. Además de estudiar los mecanismos seleccionados para reformar el clero, presta atención a la formación del laicado, reconociendo su papel clave en el naciente catolicismo de masas, en especial el femenino. También examina algunas estrategias utilizadas por Soler para promover la devoción a la figura del papa en los fieles locales, traduciendo la reforma ultramontana al ámbito uruguayo. A su vez, se reconocen las tensiones y desafíos a los que estuvo sometido en su conducción. En especial, las dificultades en el relacionamiento con el Estado y las modificaciones en su comprensión de la modernidad política. Por otro lado, el cuarto capítulo está centrado en las acciones impulsadas por Soler en su afán de internacionalizar la Iglesia uruguaya y para potenciar la centralidad global del Vaticano. Esta dimensión del proceso de romanización ha sido apenas explorada por la historiografía local, constituyendo uno de los aportes más valiosos del libro.

En la tercera parte, el autor toma como eje América Latina. Analiza los vínculos entre el ultramontanismo y la construcción de una identidad latinoamericana. El quinto capítulo reconstruye el itinerario de viaje de Soler por las Américas entre 1886 y 1888. Estudia en especial su gira para recaudar fondos para impulsar la obra del Colegio Pío Latino Americano, que más allá de alcanzar limitados resultados económicos, contribuyó a una mejor comprensión entre los latinoamericanos de “la función que cumplía el Colegio para la romanización y modernización de la Iglesia en América”[3]. Examina los escritos de Soler en esos años, entre ellos “Memorias de un viaje por ambos mundos”, publicada en Montevideo en 1888, donde denunciaba los efectos adversos del liberalismo y la necesidad de la reacción católica en América Latina. Luego, en forma complementaria a estas ideas, elaboraba un proyecto de una Liga Católica de carácter transnacional, sustentado en la organización de la prensa y la movilización del laicado. El sexto capítulo se ocupa de los instrumentos centrales utilizados por Soler para afianzar una identidad católica latinoamericana, entre ellos, se destaca su colaboración en la formación de un campo de estudios “americanista” y sus contribuciones a los congresos internacionales de americanistas y a las celebraciones por el cuarto centenario del descubrimiento de América desplegadas a múltiples escalas. La obra presenta en forma lúcida la escasa atención de la bibliografía al lugar del catolicismo como elemento constitutivo de la idea de América Latina, así como del papel del ultramontanismo en la difusión del término. Y cierra este apartado deteniéndose en la participación de Soler en el Concilio Plenario Latinoamericano, convocado en 1898 por el Papa León xiii, “como una instancia culmen en la convergencia entre el ultramontanismo y la idea de América Latina”[4].

En la cuarta y última parte, el libro se enfoca en “Oriente”. Por un lado, el séptimo capítulo ahonda en los viajes realizados por el clérigo uruguayo a Oriente a partir de 1885, junto con el análisis de los relatos producidos a partir de ellos, para mostrar cómo este espacio se convirtió en un lugar simbólico “desde donde combatir la cultura anticlerical y reafirmar un catolicismo ultramontano”[5]. A su vez, se inserta a Soler en la tradición del orientalismo latinoamericano, en particular, en su visión católica ultramontana. Luego, se concentra en el proceso de construcción e inauguración del santuario Hortus Conclusus, el proyecto decisivo de su biografía. El octavo capítulo está dedicado a los últimos días de vida del clérigo y a los impactos de su trayectoria en el mundo. Se sintetizan sus aportaciones a la cultura ultramontana en América Latina. Se resaltan las redes de solidaridad tejidas por Soler en sus sucesivas visitas a Roma y Palestina, que propiciaron la concreción de un templo argentino-uruguayo en tierras lejanas. De esta manera, el autor interpela visiones tradicionales del catolicismo global que posiciona al Río de la Plata como espacios de recepción pasiva de los centros europeos; en cambio, argumenta que la biografía de Soler “ejemplifica cómo un agente transnacional de una de esas ‘periferias’ tejió redes que unieron diferentes lugares del mundo, y al hacerlo, amplificó la conciencia global del catolicismo a nivel local y continental”[6]. Además, el capítulo tiene en cuenta que la movilización femenina fue la base de sustento del proyecto del santuario en Oriente, aspecto que merecería mayor profundización en nuevas investigaciones.

En síntesis, se trata de un estudio de alto rigor analítico y metodológico, que a través del uso de variados y valiosos fondos de archivos y bibliotecas de América y Europa, brinda una visión novedosa del carácter transnacional de la vida de Mariano Soler. En diálogo con la renovación historiográfica sobre la Santa Sede y la cultura ultramontana a partir del auge de los estudios globales y transnacionales, Hernández Méndez recupera el papel de Soler en los esfuerzos del internacionalismo católico para reforzar la autoridad papal. En suma, la obra resulta estimulante para adentrarse al catolicismo global en América Latina, no solo por parte de especialistas en el siglo xix, sino que ofrece interés para quienes investigan el siglo xx y procuran un enfoque transnacional del catolicismo que no descuide las dinámicas locales y regionales de los procesos. 

 

Lorena García Mourelle

Universidad de la República, Uruguay

lorenamvd@gmail.com

ORCID iD: https://orcid.org/0000-0002-7484-3014

 



[1] Sebastián Hernández Méndez, El activista del papa. Mariano Soler y el internacionalismo católico en América Latina (1846-1908) (Zaragoza: Prensas de la Universidad de Zaragoza, 2025), 52.

[2] Hernández Méndez, El activista del papa, 109.

[3] Hernández Méndez, El activista del papa, 251.

[4] Hernández Méndez, El activista del papa, 286.

[5] Hernández Méndez, El activista del papa, 328.

[6] Hernández Méndez, El activista del papa, 363.